miércoles, 4 de enero de 2012

Qué es la Terapia de Movimientos Rítmicos

La Terapia de Movimientos Rítmicos o TMR, es una terapia basada en sencillos movimientos específicos que imitan los movimientos reflejos que hacen los bebés, indicados de acuerdo a un diagnóstico hecho por un terapeuta capacitado que enseña a los padres cómo hacer cada movimiento con precisión en casa diariamente durante algunos minutos, no más de 10. Es agradable para los niños, sumamente relajante y no invasiva como electrochoques o medicinas.
 Por experiencia propia, me parece una opción esperanzadora y con resultados notables para padres y niños en esta situación. Hoy mi hijo ha sorprendido a sus profesoras porque en poco tiempo (dos meses), comenzamos a notar mejoría en atención, calidad y cantidad de trabajo y relación en la escuela. Y además, sin drogas costosas con efectos secundarios desagradables o con efectos de mediano plazo potencialmente peligrosos. A mi hijo todavía le falta, porque tiene varios reflejos activos y vamos integrando algunos y luego otros. Pero nos ha cambiado la vida comprender mejor qué es lo que le pasa.
Me dí cuenta que en México no se conoce mucho ésta terapia. Pregunté a algunos pediatras, psicólogos, terapeutas. Tampoco mi neuropediatra. En el medio educativo no, más bien yo los he informado de esta alternativa. Y actualmente hay pocos terapeutas entrenados. En la capital conozco dos y seguro no llegan a 10. En el resto del país quizá pasa igual. Por ejemplo, confirmé que nadie aplica TMR en Guadalajara, nuestra segunda ciudad principal.
Es un hecho que padres de familia, maestros, pediatras, neurólogos o psiquiatras suponen que el Ritalín, Concerta o Strattera son la opción inevitable para tratar a los niños etiquetados con bajo rendimiento escolar o hiperactividad. También es importante decir que el medicamento lo indican junto con otras recomendaciones o actividades de estimulación o desarrollo de estrategias de aprendizaje, que siempre serán para estos niños a base de mucho esfuerzo desgastante; es un doble o triple esfuerzo que casi nunca es comprendido, porque no es bien conocido ni por los mismos pediatras o especialistas, ya que ellos mismos reconocen que ni es fácil hacer el diagnóstico a tiempo ni con precisión.